martes, junio 29, 2004

Calor

Cerrando la puerta y dejando la aún pequeña muestra de lluvia del otro lado del umbral, entré a la casa, dispuesto a comer algo. Mientras esperaba a mi amigo para empezar a calentar la comida, me percaté de que aquello que dejase afuera no era ya un arroyuelo y que las esporádicas gotas habí­an cedido el paso a un torrente que asemejaba un río de gran caudal precipitándose sobre nuestras cabezas.

Con el ruidoso golpetear de las gotas en el techo de poliestireno de la sala como sonido de fondo, avancé hacia el ventanal que tení­a enfrente. Cada paso me acercaba hacia él y, como en juego de niños (gallo, gallina, pollito), daba un paso hacia atrás en la lí­nea del tiempo; un paso adelante, las gotas se ven un poco mejor y yo me hundo en lo que pareciera una ilusión, algo que, hasta donde sé, ya pasó y no es más que un retrato difuminado en mi memoria de teflón.

El recuerdo, esa imagen en mi cabeza que pareciera estar tan lejana y difusa, es ahora como un espejo, es como un metal que refleja todo con una gran nitidez y... es acuoso. En un abrir y cerrar de ojos, sin darme cuenta, estoy empezando a sumergirme en él y todo cuanto me rodea está constituido por el recuerdo. La mesa del comedor, la sala, las paredes, el ventanal... Todo ha cambiado, donde solía estar la sala hay un piano con muchos papeles rodeándolo por todas partes como si algún gran artista hubiera estado trabajando en él últimamente; a mi derecha un librero igual de desordenado; atrás de mí­ una pequeña sala con una mesita de té; delante de mí... La lluvia, una gran ventana con vista hacia lo que debí­a ser la parte trasera de la construcción me deja observar con claridad la suave precipitación del agua sobre lo que parecen ser pinos y de ahí­ a la tierra.

Tomo una bocanada de aire, lleno mis pulmones y cierro los ojos tratando de grabar por siempre este momento en mi alma, al abrirlos acerco mi mano al frío vidrio y dejando salir el aire en lo que termina siendo un suspiro, siento como todo yo me lleno de algo ininteligible, algo que no puedo plasmar con palabras y que me hace sonreír... Entonces, un hermoso sonido llega a mis oí­dos --lo he oí­do antes, no es cualquier sonido, es una voz... una bella voz-- y, ya despierto de mi trance, volteo para encontrarla... La dueña de la voz; y al verla a los ojos vienen a mi ser todas aquellas imágenes de cuanto he visto bello en mi vida, y pienso qué rayos hago ahí­ fingiendo que ese momento nunca acabará...

El acuoso recuerdo, súbitamente abandona el lugar y he ahí­ yo, escuchando a mi amigo bajar las escaleras mientras me dice que vayamos a calentar la comida para almorzar.
Me dirijo entonces a la cocina y, pensando en lo que acaba de pasar, me doy cuenta de que ese momento en realidad no ha acabado... Una gran sonrisa vuelve a dibujarse en mi rostro y siento cómo algo empieza a irradiar calor desde dentro de mí nuevamente...



Y sí­... Cuando llueve me acuerdo de tí­

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