domingo, junio 20, 2004

¿Quién ordenó mal sabor de boca?

Domingo, 20 de junio de 2004

Son a penas las 9:20 am y me despierto con una terrible llamada. Es correcto, hoy es el día del padre. Personalmente no veo motivo para que se me felicite. No obstante, la voz de quien solí­a ser la dueña de mi corazón trae consigo un gran tono de amargura esta mañana. Hoy, como muchos otros días, ella ha intentado seguir manteniendo ese título; un título que no debe ser despreciado con ligereza. Así, lo que en otros tiempos fuera una llamada dulce y prodigiosa que me llenara el alma de divina dicha, hoy ha sido nauseabundo y con sabor a leche agria dejando a mi alma recubierta por un pastoso material de ponzoñosa naturaleza. Y si bien es cierto que ella me ama, también es cierto que le resulta imposible, cual rosa silvestre, dejar de espinarme cada vez que se acerca. Muchas bellas palabras he desperdiciado ya en ella. El amor que le tengo es aquello que desborda de mi frágil cuerpo para después plasmarse en sí­mbolos comprensibles para mis semejantes. Aún así­, carezco de habilidad para expresar con exactitud lo que yo quisiera y estas palabras nunca serán suficientes para igualar el contenido de este envase de carne y hueso.

Ya veremos qué sucede en el recuento de los daños.

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