jueves, julio 29, 2004

Lejanía


Presa del destino me he enamorado del inalcanzable horizonte. Cada día en sueños y cada noche despierto, perseverantemente camino hacia la inexorable frontera de la tierra prometida ubicada en aquel mítico lugar donde la tierra y el cielo se juntan.

Con cada paso que doy, el camino parece menos tortuoso, el paisaje embellece a mi rededor y la visión, como una gran promesa de amor, parece omniosamente cálida y acojedora... Con cada paso que doy, me doy cuenta que es inalcanzable, sólo una visión.

Qué gran historia épica, un poeta, un amante, un creador, un destructor, un inmortal... Un hombre que no muere, en un camino infinito; caminará el resto de la eternidad persiguiendo una luz que sale de sí mismo.

En ciertas condiciones, lo que menos me preocupa es el tiempo ya que lo tengo de sobra --tengo un poco guardado en la bolsa, alguien lo quiere?

No obstante, hay cosas en las que hasta yo pudiera decir que el tiempo apremia. ¿Cuántas veces tendré que ver amanecer antes de volver a probar el dulce de unos labios que me hablen de amor?

Después de tantos anocheceres, mi cuerpo ya olvidó cómo sentir, sólo quedan imágenes inanimadas, insonoras, insípidas.

El horizonte, aquel futuro tan prometedor, es inalcanzable... En alguna parte del camino, un reino de hadas me guiña el ojo, imposible de detener me golpea de lleno y yo me pregunto ¿Qué es de mí al internarme en lugares tan inciertos?

Y más que todo ¿Qué fin tiene ser inmortal cuando no hay con quién compartirlo?

1 comentarios:

Anónimo dijo...

llevo tiempo pensando que tal vez yo podria estar presente en ese sueño a futuro...me darias una oportunidad?